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Tanto Gloria como yo, ella por su Erasmus y yo porque no me quedó otra opción más que venirme a Bilbao a estudiar mi carrera, tenemos la gran suerte de vivir fuera de casa. Y digo suerte ya que es una experiencia que te obliga a crecer, a madurar, a sacarte las castañas del fuego como nunca antes lo habías hecho. Vamos por puntos:

Cambio de residencia, cambio de vida

Cuando llevas 18 años o más viviendo en el mismo lugar los escenarios se repiten, las reuniones siempre son en el mismo punto, te encuentras conocidos en todos los lugares, no miras con ojos de explorador lo que te rodea, no vives tan interesado por las actividades que pueden organizarse en tu ciudad…

En cambio, cuando sales fuera, lo primero que tienes que hacer es acostumbrarte a vivir una vida nueva. Siempre se anda perdido los primeros días, nada se da hecho, la línea de autobús para ir a la universidad no la tienes aprendida, no sabes dónde está la parada ni cuánto tarda, para ir a un lugar estás dos meses yendo por un camino hasta que alguien te enseña uno más recto y más corto, y estás tan perdido como un pulpo en un garaje. Pero paseas por la calle principal sin encontrarte a nadie y eres totalmente tú en un sitio nuevo. Miras hacia todos lados, cada calle, cada edificio es un descubrimiento, miras hacia arriba, cosa que normalmente nunca hacías, paseas sin rumbo porque te sientes bien, sin perezas, sin plan ni destino.

Desarrollo de capacidades

2. Desarrollo de capacidades

Lavadora, plancha, limpieza, electricidad, cocina, compra… Estas son solo algunas de las aptitudes en las que te vas desarrollando día a día. Ya no vives con tus padres, ya no lo tienes todo resuelto. Si cuando vivías en tu casa ya te encargabas de alguna de estas cosas, perfecto, lo vas a tener siempre mucho más fácil. Pero si, como tantos, llegabas a casa y tenías la comida o la cena preparadas, si tirabas tu ropa sucia en un baúl y aparecía a los dos días limpita y planchadita en tu habitación y si abrías los armarios de la cocina y encontrabas lo que querías, el vivir fuera de casa te va a enseñar que no todo es tan fácil. Luego, volverás a casa y apreciarás mucho más lo que tus padres hacen por tí cada día.

Aprendes de historia, de arte, de música, de gastronomía3. Aprenderás de historia...

Trata de contarme la historia de tu ciudad natal. Probablemente no tendrás ni idea de cuándo se construyó tal iglesia, qué estilo tiene tal otra, por qué esa plaza se llama así o por qué cada día x del año hay fiesta. A no ser que hayas hecho de guía para amigos, grupos de estudiantes o estudies turismo. Sin embargo, seguro que te sabes la historia de más del 70% de los lugares turísticos de la ciudad a la que te has mudado. El 50% lo aprendiste en tu primer mes, cuando aún eras como una esponja que lo absorbía todo; el resto lo has ido aprendiéndolo con el tiempo, pero no es nada raro que sepas más de tu nueva ciudad de lo que sabrás jamás de la tuya. Conoces sus bailes, sus platos típicos, puedes cantar canciones de su folklore (incluso en el idioma de la ciudad) y sabes curiosidades que muchos oriundos no saben. Eso sí, cuando vuelvas a tu ciudad te sentirás tan mal que querrás saberlo todo y más, y esto es lo más positivo del asunto.

Organización de recursos4. Organización de recursos

Vivir con ¿500? euros al mes es complicado. Muy complicado. Normalmente entre 200 y 300 (por no decir más) se te van en el alquiler del piso. Te quedan 200 euros para comer durante 30 días, pagarte el transporte hasta la universidad y por la ciudad, salir de fiesta y vivir como una persona normal. Esto te forzará a hacer listas de la compra para no comprar lo que no necesitas, racionalizarás mejor el dinero (siempre en busca de bares low cost y mercadillos), buscarás las mejores ofertas y aprenderás a comparar precios en los supermercados, tiendas de ropa, tiendas de muebles, etc. Si te sobra pan, lo congelas; si te sobra comida, la congelas; si te sobra dinero, lo ahorras. Te conviertes en todo un ahorrador/inversor.

Libertad5. Libertad

¡Qué os voy a decir! No hay horarios, no hay orden, no hay padres… Puedes dejar los calcetines en el rincón de la habitación, la taza del café en la mesita de noche, los platos sin lavar, la alfombrilla de la ducha sin recoger, puedes volver a las 10 de la mañana, llegar y dar un portazo, pasear en bolas (si tus compañeros lo aceptan, claro está :/) y hacer fiestas en casa. ¡Las responsabilidades que un piso conlleva no quitan para darse alegrías!

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He conocido a mucha gente que ha vivido o vive fuera, en ciudades como Salamanca, Madrid, Sevilla, Bilbao, Santander, Cáceres, Elche o ciudades a lo largo y ancho de Europa y cuando vuelven, algo ha cambiado dentro de ellos. Un chip se activa, algo escondido sale a la luz y sienten lo que nunca habían sentido. A nivel personal, yo no me veo volviendo a Oviedo a vivir. Cuando sales fuera, normalmente, te vas a ciudades más grandes y con más oportunidades, con una agenda cultural mucho más atractiva, y cuesta volver a tu pequeño rincón, más en estos tiempos. Volváis o no, probad, vivid fuera, hay muchas becas y opciones para hacerlo, en España y en Europa, y también en el resto de continentes. Vivimos de experiencias, y si no entendemos esta, vivimos a medias.

Nerea Gutiérrez

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