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Ya hace algunos días que he empezado a vivir en Izmir, y hasta el momento, diría que este septiembre ha sido una pequeña prolongación del verano, sigo sin ir a clase, sigo viajando, conociendo gente, haciendo nuevos amigos y aquí todavía hace calor.

Aunque no sean muchos los días que he pasado aquí, el tiempo pasa rápido y creo que ya tengo una ligera idea de qué es eso que llaman vida ERASMUS.

Entonces, esto del ERASMUS, ¿qué es?

Ser ERASMUS es montarte en un autobús de seis horas con cinco desconocidos, sabiendo que terminarán siendo algo más que simples conocidos, para llegar al aeropuerto donde vais a coger juntos un avión para llegar a Turquía.

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Es tener que dejarle ocho kilos de ropa a tu mejor amiga que llega de resaca y sin dormir sólo para despedirse de ti en el aeropuerto (cosa que realmente no creías que fuera capaz de hacer) para que te los mande más tarde por correo porque te has pasado del límite de peso, pero ¿quién sabe cuántas cosas vas a necesitar en todo un año? Y también es que tu amiga sea veterana de su residencia y que llame por teléfono a un novato para que vaya a buscar tus cosas al aeropuerto y llevarlas él porque a ella no le apetece cargarlas.

Es llegar a Izmir y encontrarte con un montón de turcos sujetando carteles con vuestros nombres esperándoos, dándoos la bienvenida, llenándoos de besos y abrazos, sacando selfies como locos y felices de que por fin estéis aquí. Es sentirte arropado desde el primer momento, saber que la gente de este lugar va a estar dispuesta a ayudarte con todo lo que necesites y que al final, va a ser lo que más te cueste dejar en Turquía cuando tengas que irte.

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Es llegar a tu piso y que todo el mundo esté esperando a la pequeña española, que te enseñen la casa y las fotos de los últimos días en los que no estabas y que te digan que deberías haber estado allí con ellos mientras dibujan en la foto un monigote con tu nombre. Es despertarte por la mañana y desayunar con seis personas, es abrir la puerta de casa y que siempre haya alguien esperándote, es tener un tablón de anuncios en el pasillo lleno de post-it con tonterías y ningún anuncio.

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Es no saber por dónde andas, necesitar a alguien que te acompañe a cada sitio los primeros días, no saber cuál de todas es tu facultad, perderte cada día en tu nueva ciudad y aparecer siempre y sin saber cómo en el mismo lugar, que no es otro que un bar cuyo colaborador es ahora tu mejor amigo porque ha tenido que indicarte cientos de veces como llegar a tu casa después de llamar a tus compañeros de piso para que le dijeran la dirección porque tú todavía no te la sabes.

Es firmar cientos de papeles, muchos de ellos que no sabes que significan, recorrer oficinas, esperar muchas horas, hablar con coordinadores y profesores y desesperarte y llamar a tu madre y a Nerea también para compartir con ellas tu angustia y decirles que las echas de menos.

Es chapurrear tonterías en turco, pretendiendo que algún día puedas tener media idea de cómo hablar. Es decir çok güzel y tamam a todo, y despedirte siempre diciendo gülegüle porque es fácil aunque sólo se debería utilizar cuando eres tú el que te quedas y los demás se van. Es también ser la “payasilla” de tus amigos turcos que te enseñan malas palabras para que se las digas a sus amigos y todos se rían de ti, de lo que dices y de tu pésima pronunciación.

Es tener un plan cada día, salir de tu casa y encontrarte con amigos en alguna terraza de Kuçuk Park y tomar un çay jugando a la tavla y fumando nargile, lo cual ya es una parte indispensable de tu rutina, o tomar una cerveza compartiendo vuestras penas sobre la búsqueda de piso, los cambios del Learning Agreement o la espera del permiso de residencia. Es ayudar a tus amigos con las compras para el piso o la mudanza, por puro amor al arte. Es ir a conocer sitios cerca de tu ciudad y enamorarte de ellos. Es comer o cenar siempre fuera de casa porque es increíblemente barato o hacerlo en casa pero siempre invitando a alguien. Es salir todos los días sin importar si es miércoles, viernes o domingo, porque además tampoco tienes mucha consciencia de que día de la semana es. Es no ir a clase, no porque no quieras, sino porque no las tienes, porque no entiendes el idioma y poder disfrutar de tu tiempo.

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Es tener nuevos amigos a los que no dejas de encontrar parecidos físicos y personales con los que tienes en tu ciudad y reírte mucho por ello cuando les enseñas una foto y eres tú la única que entiende esa similitud.

Estas nuevas personas son con las que compartes tu día a día conociéndoles desde hace menos de un mes, todos diferentes ya que viene cada uno de un lugar, pero definitivamente iguales por estar viviendo juntos una experiencia que sin duda será una de las mejores de nuestras vidas.

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