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Veo veo un fin de año que me araña en la ventana.Veo un viaje de celebración, cerrar el año con otra canción. Mucho ruido, pocos conocidos, baldosas de colores y ropa colgada en las fachadas. Veo un paseo en tran vía, pasteles de Belén, miradores por doquier y mis ganas de practicar portugués. Ya no sólo veo, mas oigo, huelo, toco, degusto y siento, y nos presiento felices. Sin cargas, sin más allás. Sin prisas, sin atajos. Veo un fin de año no español, no de cuatro, no de uvas. Veo, y ansío.

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Cada año hago un balance, no por escrito sino mental, de qué me ha deparado el último año y por qué. Siempre ocurre igual: estar en un lugar en el momento justo te condiciona gran parte de lo que te pase después. Si me llegasen a decir hace un año que iba a volver a Turquía, no una sino DOS veces, hubiese sonreído con tristeza, sabiéndolo imposible. Seis meses pasaron hasta que estuve en el lugar y el momento oportuno para que me quisieran en la ciudad de Bursa, hablando en turco de nuevo y enamorándome un poquito más, si cabe. Tras el punto de inflexión que marcó mi vida, hace algo más de dos años -y que fue gracias a estar en el lugar y momento oportunos-, puedo considerar éste el año que más se ha regido por las casualidades. Los viajes no han sido abundantes, aunque el balance ha sido óptimo -Londres, Turquía y Portugal (para cerrar el año), además de España una y otra vez-. Un curso de educación no formal maravilloso me hizo acabar en Turquía, primero durante el ramadán, en el mes de julio, y después en el mes de agosto. La vuelta a la realidad desde ese país nunca es fácil, los ojos marrones de la gente que allí vive te atrapan y te gritan ¡Quédate!. Inshalá, queridos. Tardé dos meses en sacar un billete de avión de vuelta, para que me entendáis.

Londres nos atrajo tanto que no pudimos evitar pedir asiento para dos, y digo no pudimos evitar como si hubiese sido un sacrificio, pero no. Londres es una ciudad para ser vivida intensamente, y así hicimos. Recuerdo una paloma que quiso hacernos compañía mientras comíamos en un banco en Oxford, el pub donde bebimos cerveza entre asturianos, el restaurante turco en el que comimos comida griega y Acton, Brixton y Evelyn Court como los mejores sitios del mundo para vivir. Y el mercado que nos hizo soñar, de puesto a puesto, de sol a sol.

Veo a mi familia, a mis patos salvajes, las asociaciones de las que formo parte, los grupos de amigos, las clases, todos los momentos que constituyen mi rutina. Veo un veo veo que empecé temprano y abandoné más temprano todavía, pero que retomo con ganas. Veo las caras de todas las personas que he conocido en este 2014, que no son pocas, y le dedico una inmensa sonrisa a cada uno de ellos. Por que ellos me construyen cada día, gracias a ellos vivo, aprendo, soy.

No existe balance mayor que la alegría con la que acabas el año. Mírate la sonrisa en el espejo, si es certera, ha sido el año de tu vida. Trata entonces de que el siguiente también lo sea, y seguro que será aún mejor.

Y salta si eres feliz.

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Nerea Gutiérrez

¿Qué es Veo Veo? Es, ante todo, un juego, una excusa para conocer lugares de la mano de otros viajeros, contarnos historias, viajar aunque no tengamos la oportunidad de hacerlo, encontrarnos. Es una vía de escape para las palabras que se acumulan y buscan ser escritas para no desaparecer, y una oportunidad para escribir sin siquiera decir el porqué. Una vez al mes se escriben los Veo veo, sobre un tema que se elige en el grupo de Facebook ‘Dinámicas creativas’.
¿Te animas? 🙂  
Otros veo veo de éste mes: Viaje y descubra, Roving Snails, Paper-versos, Cuentos de mochila  Gastando suela, Una argentina por el mundo, Rodando caminos, The Indie Trendy, Rumbeando por ahí y más que están por llegar 🙂

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