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Después de 2o años viviendo en Oviedo con mi madre y mi gatita ya me tocaba cambiar de aires. Pues bien, ahora vivo en Izmir con seis compañeros de piso, algún que otro “inquilino” habitual y tres peces, bueno, ahora ya se han muerto… ¡Imaginaos cómo de grande ha sido el cambio!

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Nuestro piso está en Bornova, el barrio de Izmir donde suelen vivir los estudiantes y erasmus, ya que está muy cerca de las universidades de Ege y Yasar y hay muy buen ambiente. Vivimos cerca de Kuçuk Park, donde están todos los bares, restaurantes y tiendas, pero no exactamente allí, lo que hace que sea un piso mucho más tranquilo y sin ruidos.

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Somos cinco chicas y dos chicos. Una eslovaca que estudia Economía; dos húngaras que estudian Diseño Gráfico; la dueña de la casa que es turca, ha estudiado Marketing y dedica su tiempo libre al teatro; un pakistaní que estudia y trabaja enseñando Inglés; un italiano que estudia Música y se pasa el día cantando; y yo, que estudio Psicología y mi pasión es la danza.

Así que, como cualquiera se podría imaginar, el ambiente de la casa es muy artístico y multicultural. Personalmente, me parece una experiencia muy enriquecedora vivir con todas estas personas tan diferentes en muchos aspectos y con tanto que aportarme. Me levanto por las mañanas oyendo al italiano cantar, a pesar de ser cinco chicas no tenemos demasiados problemas con el uso de los baños…, cuando voy a la cocina siempre hay alguien cocinando que me ofrece algo nuevo que probar, cuando cometemos algún error en inglés ahí está el pakistaní para corregirlos, la turca es como una madre que cuida de nosotros, siempre pendiente de todo, ayudándonos con cualquier problema.

La casa siempre está llena de gente, novios y novias, amigos y amigas, familiares, que vienen de otras ciudades, incluso países, o que también estudian aquí. A pesar de este trajín de gente que viene y va, y de que pueda parecer una locura, nunca me he sentido invadida aquí. La casa es suficientemente grande para que todos tengamos nuestra intimidad, nuestras habitaciones son individuales y los puntos de reunión son la cocina, la terraza y el salón.

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Todas las semanas celebramos algún cumpleaños u organizamos cena tradicional de algún país. En tres meses ya he probado la cocina italiana (que, por supuesto, ya conocía) y turca, pero también otras más exóticas como la libanesa o la pakistaní.

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Y después de algo más de tres meses creo que ya puedo hacer balance y decir que compartir piso es una gran experiencia. Aprendes a sobrevivir sin el cuidado constante de una madre y descubres lo maravilloso que es vivir con gente de otros países, forzarte a ti mismo a comunicarte en otro idioma, compartir con ellos tu tiempo en la casa y disfrutar juntos de la vida universitaria y el erasmus. Así que si tenéis la oportunidad de compartir piso, ¡no dudéis ni un sólo momento en hacerlo!

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